Música para compartir las estrellas

Música para compartir las estrellas

Probablemente recuerde la película de 1977 de Steven Spielberg “Encuentros en la Tercera Fase” en la cual, en una memorable escena final, los humanos se comunican con los extraterrestres a través del intercambio de música, destacando la conocida melodía “re mi do do sol” que luego todos tararearíamos. Detrás de este original argumento está la famosa idea de que la música es el lenguaje universal, un concepto que encontramos recurrentemente en filosofía, antropología o historia. Por ello, si la música es un lenguaje universal ¿qué mejor que usar música para comunicarnos con una civilización extraterrestre?

Pero cuando se habla de la universalidad de la música, se usa el término universo en un sentido bastante laxo. En realidad hace referencia sólo al colectivo humano. Así, usamos frases como “la música es el lenguaje universal; trasciende la barrera entre las naciones” o “todas las culturas entienden la música”, dando a entender que la música es cosa de los seres humanos. Pero ¿podría ser la música realmente universal? ¿Podrían civilizaciones alienígenas apreciar a Beethoven?

Para ello la música debería tener una ventaja selectiva que hiciera que diferentes especies desarrollaran la música por convergencia evolutiva. En la Tierra, se estima que los ojos se han desarrollado de forma independiente 50 veces en distintos linajes, por lo que estamos razonablemente seguros de que organismos complejos de otros mundos habrán desarrollado ojos, si en su mundo hay una iluminación ambiente similar al nuestro. De igual forma, si encontramos varios ejemplos de animales que han desarrollado música, será un punto a favor de que seres extraterrestres la hayan desarrollado también.

Y los hay. Existe una enorme variedad de animales cantores, siendo el ejemplo más conocido el de los pájaros. Estos animales usan su canto con un doble motivo: defender su territorio, habitualmente con un canto simple que viene a decir “aquí vivo yo, vete”, y cortejar a las hembras, usando un canto más bello y musical, cuya su complejidad es producto de la selección sexual. En pocas palabras, las damas se quedan con los mejor dotados para el canto, y esto poco a poco va mejorando el canto generación tras generación.

Pero no sólo los pájaros son buenos cantores. Algunos insectos sorprenden también en esta faceta, como las cigarras asiáticas, que cantan como pájaros, o el chinche Sehirus luctuosus, que se marca con los zumbidos de sus alas unas curiosas percusiones más propias del jazz. Aunque hay poca improvisación; en el mundo de los insectos, la música tiene una estructura rígida, genéticamente predeterminada.

Entre los mamíferos, encontramos una sorpresa: los ratones. En 2005, investigadores de la U. de Washington vieron que los machos cuando olían feromonas de una hembra, emitían ultrasonidos (sonidos de alta frecuencia que somos incapaces de oír). Al grabar estos ultrasonidos y ralentizarlos para hacerlos audibles, descubrieron con sorpresa que ¡los ratones cantan! con unos cantos muy similares a los de los pájaros. Los machos cantan canciones como parte del ritual de cortejo, seguramente con igual finalidad que las aves, para que la hembra escoja la pareja mejor dotada para el canto. Las canciones son aprendidas e incluso tienen cierta componente de improvisación, pues cada ratón prefiere cantar ciertas canciones, que son diferentes a las de los otros ratones, incluso en el caso de ratones gemelos, que son genéticamente idénticos.

Cuando el nivel de inteligencia aumenta, parece aumentar también la calidad musical. Siguiendo con los mamíferos, no nos podemos olvidar a las ballenas, esos magníficos compositores de los mares, siendo las ballenas jorobadas posiblemente las más afamadas por sus dotes musicales. De nuevo parece estar el cortejo por medio, ya que sólo cantan los machos, y durante la época de la reproducción. Curiosamente, los machos de una misma región cantan la misma canción. Está compuesta de temas menores, que viene a durar una media hora. Se ha descubierto recientemente, que estas canciones también tienen rima. Además, las canciones cambian poco a poco con el tiempo, y se van diferenciando de un año al siguiente. Es decir, las canciones se crean por modificación de canciones existentes, al contrario que lo que hacemos los humanos, que las solemos crear de la nada.

¿Y qué ocurre con nuestros parientes más cercanos, los simios y primates? Sorprendentemente, las habilidades musicales de gorilas y chimpancés, son nulas. Aparte de nosotros, sólo hay cuatro familias de primates cantores, y parece ser que la habilidad ha evolucionado independientemente entre ellos. Se trata de los gibones, los titís, los társidos y los indris. De ellos, los gibones son los que están más emparentados con nosotros. La música es muy importante en su vida social, pues cantan a diario, durante 15 minutos, varias veces al día. En este caso el canto tiene que ver con la cohesión social y con la marcación del territorio. Habitualmente canta a coro una pareja, otras veces toda la tribu, con polifonía y relaciones armónicas dignas del mismísimo Bach.

¿Podemos inferir a partir de todos estos ejemplos que la música es un lenguaje universal? Tal vez no. Hay diferencias entre las músicas animales y la música humana. Todas ellas son comunicación a larga distancia, mientras que la música humana no parece estar particularmente relacionada con la distancia. Otra es el ritmo, el sentir el paso del tiempo, que es una de las características más acusadas de nuestra música: el ritmo en las músicas animales habitualmente es irregular o ausente. Por último, las músicas animales están exclusivamente relacionadas con la cohesión, la defensa del territorio y el cortejo. Y si bien es cierto que también usamos la música para cortejar, y los himnos (nacionales, futbolísticos) son claramente territoriales, no parece ser ese el verdadero propósito de la música humana.

Su verdadero propósito parece ser el de despertar los sentimientos. Es lo que mejor hace: nos da placer, nos pone tristes, nos emociona, nos pone nerviosos… Si nuestros vecinos galácticos tienen algún tipo de música, seguramente no tendrá nada que ver con esto, si no que, probablemente, su música estará relacionada con el cortejo o el territorio, pues es lo que encontramos recurrentemente en el mundo animal.

Probablemente no se emocionarán con Beethoven, ni tampoco les cautivará el “re mi do do sol” de John Williams. Como dijo Leonard Bernstein, “la música es emoción”. Pero emoción humana.

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Publicado originalmente en Mètode.